TOMARE NOTA


Muchos de nosotros supimos de la existencia del detective Mike Hammer a través de una inefable serie que hace unos cuantos años emitió TVE. Mi memoria se remonta a esas desapacibles, frías y lluviosas tardes de los domingos de mediados de los ochenta en los que la cita con el detective era casi obligada. Estaba protagonizada por el actor Stacy Keach y la neumática Lindsay Bloom y recuerdo como uno de sus dos mayores atractivos la evocadora melodía de su banda sonora que utilizaba como recurso central el tema Harlem Nocturne de Earle Hagen. El otro era la inmemorial y chulesca coletilla —«tomaré nota»— con la que el protagonista replicaba a todo aquel —o aquella— que se cruzase en su camino. No es que la serie fuese la octava maravilla del mundo pero al menos a algunos nos sirvió para conocer las andanzas de un personaje, aborrecible para muchos, entrañable para unos cuantos, que ha logrado persistir en el recuerdo a lo largo del tiempo.

Recientemente he conocido la noticia: Mickey Spillane, creador de Mike Hammer, murió el pasado 17 de junio a la edad de 88 años en su hogar de Murrells Inlet (Carolina del Sur) victima de un cáncer de páncreas. Frank Morrison Spillane comenzó su andadura literaria durante su época universitaria, escribiendo pulps —novelas baratas de consumo masivo, muy populares en EE.UU. durante los años 50— y guiones de cómics. Un detalle poco conocido de esta etapa es que Spillane fue uno de los guionistas de las primeras historias del Capitán Marvel, el Capitán América y la Antorcha Humana. Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial —periodo durante el cual se alistó y sirvió como voluntario en la Armada—, Spillane decide retomar sus actividades literarias y escribe en tan sólo nueve días Yo, el jurado, la que sería la primera de una saga de novelas protagonizadas por su personaje más universal, carismático y controvertido: el detective Mike Hammer. A partir de ese momento, Spillane inicia una fulgurante carrera como escritor que le llevará a ser reconocido como uno de los más grandes autores del género Hard Boiled.

Ninguna de las obras de la producción de Spillane puede ser considerada, desde un punto de vista formal y estilístico, como notable. Siempre se le acusó de que su escritura adolecía de un cierto descuido —el propio autor se jactaba de no revisar nunca lo que escribía— pero uno no lee a Spillane para leer un misterio sofisticado, una prosa sublimada o para saber qué opina el autor sobre la condición humana. Uno lo lee por sus tramas donde describe un sórdido mundo de sexo y violencia, y, sobre todo, por el ingenioso uso del lenguaje que emplea para narrar dichas situaciones. Y resulta indudable que su creación, Hammer, no deja indiferente a sus lectores. De ser así, habría sido imposible vender más de 100 millones de ejemplares de las 13 novelas que componen la saga. Gran parte de la polémica generada por su personaje —que alcanza incluso a parte de los aficionados al género— viene derivada del peculiar carácter que Spillane imprime a Hammer y que conlleva el que sus historias estén plagadas de misoginia, violencia y de unos planteamientos morales muy alejados de todos aquellos valores deseables en la figura de un «héroe», donde su ética personal se encuentra por encima de las convenciones sociales. Con Hammer, el más reaccionario de los detectives privados de la época dorada del género, Spillane supo crear la perfecta contraréplica, oscura, brutal y descarnada, del siempre correcto Philip Marlowe de Chandler empleando para ello un estilo directo y feroz pero no por ello exento de tensión lírica, de pulsión narrativa. Sus reflexiones, sus diálogos, sus tramas son auténticos latigazos capaces de remover cualquier conciencia, de la más adocenada a la más selecta. Las últimas líneas de Yo, el jurado en las que Hammer dispara contra una malvada y voluble femme fatale que lo obsequia con un striptease con el fin de disuadirlo de sus intenciones de venganza —«—¿Cómo has podido hacerlo? —Fue fácil»— han pasado a los anales del género como uno de los finales más cínicos y cáusticos escritos en una novela negra.

Hoy en día quizá resulte políticamente incorrecto reivindicar la figura de alguien como el Hammer de Spillane. La moralidad del personaje resulta demasiado dura para los cánones actuales y el trasfondo ideológico y social vigente en la época en la que Spillane popularizó a su personaje más conocido difiere mucho de algunos patrones dominantes en la actualidad. ¿Qué quieren que les diga? Me importa un bledo. Ninguna veleidosa excusa debería impedir jamás el deleite que produce una buena novela policíaca. Y, sin ningún género de dudas, las de Spillane lo son. Así que ya saben. Háganse con un ejemplar de Yo, el jurado, abran su primera página y sumérjanse en su lectura. Y tomen nota.

Parque Coimbra, noviembre de 2006